24 nov 2014

¿Yo, mamá?... ¿mamá violentada?

Resulta que antes de antes de gestar a mi cría, yo no tenía idea en absoluto sobre embarazo, parto o maternidad. Lo veía bastante lejos y tampoco me veía haciéndome cargo por completo de una criatura tan pequeña. De hecho, ni siquiera dimensionaba ese cuidado tan completo que necesitan los bebés. Era de esas típicas personas que ven la maternidad de manera muy superficial, gracias a la televisión, principalmente. 

Entonces me enfrentaba a una realidad bastante lejana de lo que realmente es ser mamá... mamá mamífera, puérpera, lactante y loca. Lo bueno, creo, es que estaba en "modo estudiante" jaja... porque estaba en la universidad cuando quedé embarazada, así que me tomé muy en serio la investigación y estudio sobre mi gestación y todo lo que se nos venía después. Aparte, los controles de rutina no eran precisamente educativos ni lo que yo esperaba, por lo que tuve que informarme de casi todo por cuenta propia.

Yendo a los controles con el doctor, nos fuimos dando cuenta de la poquísima preparación y/o preocupación que da el personal de la salud a las gestantes en general. Me fui dando cuenta, muy a mi pesar, de que este proceso que yo empezaba a vivir (con muchas ansias y alegría) iba directo a convertirse en algo violentamente intervenido. 

Palabras y conceptos como "episiotomía", "fórceps", "kristeller", "violencia obstétrica", "innecesáreas" y muchas otras más fueron llegando a mi vocabulario. Y yo me sentí desde un comienzo reticente a aceptarlas, entenderlas... ¿cómo un proceso natural, fisiológico de nosotras, las mujeres, puede estar tan lleno de intervencionismo? ¿por qué? Así me fui llenando de miedos, inseguridades y soledad. Nadie respondía realmente mis constantes dudas y temores... "¿por qué cresta van a mutilar mi vagina si yo no quiero?" Sólo se limitaban a contestarme: "son procedimientos de rutina". Procedimientos innecesarios, violentos, negligentes y poco recomendados, querrán decir. Esa era la respuesta que yo buscaba, porque algo en mi sabía que todo esto no estaba bien. 

Así que busqué y busqué, pregunté y pregunté... hasta que, por fin, encontré la luz y vi que mi instinto era poderoso y sabio, al igual que mi cuerpo. Me encontré con miles de mujeres y hombres que pensaban lo mismo, afortunadamente. Me encontré con agrupaciones que defienden con garra el parto respetado, la lactancia sin restricciones y la crianza respetuosa. Me encontré con gente muy conectada con su naturaleza mamífera, ¡por fin! Yo no era la única "hippie loca" buscando conectarme con la sabiduría de mi cuerpo. 

Todo fue virtual, claro... pero ¡qué más da! Había encontrado gente consciente, luchadora y guerrera por sus derechos y los de sus hijos. No importaba si yo o ellos estaban a la mierda del mundo. Fue un alivio al fin y al cabo. 

Gracias a esta gente consciente y amorosa, llegué a entender la increíble capacidad que tenemos las mujeres de gestar, parir y amamantar. Y que no tenemos que estar sujetas a rutinas innecesarias para traer a nuestros hijos al mundo. 

Me enteré de campañas como ésta porque, como dije, yo estaba estudiando cuando mi cachorri se manifestó en mi vientre y podrán creer que la mayoría de las preguntas hacia mi eran del tipo "¿y va a ser cesárea o parto normal?" (imaginen mi poker face). Bueno, en verdad lo peor era mi respuesta, que era algo así como "el doctor aún no me dice". Claro, ahora pienso, y defiendo firmemente, que nadie más que nosotras tiene derecho a decidir cómo, cuándo y dónde vamos a parir. Pero en ese entonces, aún estaba muy adoctrinada con la idea de que los "diostores" lo deciden todo, sin siquiera preguntar en muchos casos.

Lo peor fue que eso de los diostores no quedó en el parto, sino que iba a seguir con mi hija. Que la lactancia se da en horarios, que póngale el tete, que si no sube de peso le metemos relleno, que si está con sobrepeso le quitamos la teta, que si no come le quitamos la teta, que si no duerme le quitamos la teta, que después del año le quitamos la teta... y un sinfín de etc. 
Lo bueno es que ya para esa etapa yo estaba muy decepcionada de los doctores y más empoderada de mis decisiones. Entonces asistí muy poco a los controles de niño sano y me guié por mis conocimientos e instintos. Afortunadamente, cachorrita ha sido muy sana y hasta la fecha, con hermosos 22 meses, sólo se ha enfermado una vez, de la guatita. 

Con la lactancia, también caí en la cuenta de lo metiche (entrometida) que puede llegar a ser la gente. Chile tiene una sociedad muy metiche... para mal, casi siempre. Además, me di cuenta de la tremenda e inquietante ignorancia respecto al proceso de la maternidad y puerperio, lo que va de la mano con seguir violentando a las madres, sobretodo a aquellas más desinformadas y/o poco empoderadas.   

Por eso creo que es urgente la conscientización y educación. Si tan sólo esas personas metiches se dieran el trabajo de leer, informarse y ser empáticos, en vez de oír comentarios como "tu leche es mala, no llena a tu bebé, es aguada, etc" tendríamos más comentarios como "tu leche es lo mejor que puedes darle, participa este año de la SMLM, yo te acompaño, te apoyo". Lo mismo con el parto... en vez de "eres muy estrecha, no puedes parir, no tienes opción, no seas hippie", escucharíamos cosas como "tu cuerpo es sabio, déjalo ser y confía en él, participa de la SMPR, yo te apoyo, te acompaño, etc".

Qué distinto y fácil sería todo, ¿no? En vista de que estamos lejos (pero trabajando para mejorar) de eso, lo más rápido es simplemente aplicar el "a palabras necias, oídos sordos". Porque pucha que hacen falta más profesionales y personas conscientes. 

Por mientras, las ma/paternidades conscientes y subversivas hacen su pega y dan su granito de arena para cambiar esta realidad tan desafortunada. Es importante que confiemos en nuestros organismos, porque el parto es nuestro; la lactancia es nuestra. Nuestros cuerpos son nuestros... No dejes que te convenzan de lo contrario. 

1 comentario:

Pachi dijo...

Me encanta tu convicción amiga.

Gracias a ti he comprendido que el tema de la maternidad no es un proceso difícil de vivir. Hoy por hoy, lo pintan bajo una serie de procesos prototipos que terminan haciendo de esta hermosa vivencia algo terrible.

Aun no soy mami ya que sigo en la época en la cual vivimos con el yoyo (yo primera, yo segunda y yo tercera)
Pero soy consciente del tema y no me dejo llevar por paradigmas idiotas.
Sigue con el blog, orientarás a muchas (os) a seguir el camino correcto de la maternidad.

Cariños para ti y tu cachorri guapetona.